Por Juan Carlos Villalonga[*]

Nota publicada originalmente en “Agenda Ambiental Legislativa 2021” (marzo 2021) del Círculo de Políticas Ambientales.

En los últimos años han aumentado extraordinariamente las expectativas en torno al hidrógeno “verde”. A nivel global hay una febril actividad que se expresa en programas de inversión gubernamentales; proyectos en diversas ramas de la industria y en el sector automotriz; y planes estratégicos para configurar un mercado global del hidrógeno.

Son diversas las razones por las que el hidrógeno ha tomado este impulso en los últimos años. Una de ellas, sin dudas, es la dramática caída en los costos de la electricidad generada por fuentes renovables. La electrólisis del agua es la base misma de la producción del hidrógeno verde y esto requiere de mucha energía eléctrica que debe ser renovable.

Pero lo verdaderamente determinante para el actual auge del hidrógeno es la consolidación de la idea de que estamos en una transición energética que debe completarse para mediados de este siglo. El fin de la era de los combustibles fósiles tiene fecha. Este proceso que se disparó hace cinco años atrás con el Acuerdo de París se ha visto acelerado recientemente; cada vez son más los países que adoptan no sólo una meta intermedia de reducción de emisiones, sino también la estrategia de largo plazo de neutralidad de carbono para el año 2050.

Así las cosas, ya no alcanza con disponer de algunas cuantas políticas voluntaristas de aliento a las energías renovables, la eficiencia energética y la movilidad eléctrica. Ahora se trata de diseñar programas de transición que tengan horizontes temporales bien precisos para cada una de sus etapas. La transición está lanzada, y se ha convertido en una corriente imparable debido a que una masa crítica de países ha comenzado a avanzar en esa dirección.

El hidrógeno de origen renovable permite completar la descarbonización en sectores de la economía donde la electrificación no resulta posible o suficiente. Actividades industriales, como la siderurgia, comienzan a ver en el hidrógeno la tecnología que les permitirá realizar la transición. Es también un insumo clave en la industria química, de allí que el hidrógeno “verde” permitirá descarbonizar sectores industriales más allá de su uso como vector energético.

En materia de movilidad también se están acelerado las cosas. Si bien hay varias automotrices que ya producen automóviles en base a hidrógeno, se espera que este elemento cumpla un rol fundamental en el reemplazo de los fósiles en el transporte de cargas de larga distancia – tanto camiones como trenes-, navegación marítima y maquinaria pesada.

Allí donde los motores a combustión no tienen un fácil reemplazo por motores eléctricos alimentados por baterías, las celdas de combustible están destinadas a ser la alternativa. Esto ya puede verse en el reemplazo de locomotoras diésel por trenes a hidrógeno, un recambio que se inició en Alemania y otros países europeos.

En Argentina, como en otros países de la región, la modernización del ferrocarril enfrentará el desafío de tener extensos ramales que serían costosísimos de electrificar. El hidrógeno parece ser la tecnología que puede permitir eliminar los fósiles del transporte ferroviario. Algo similar está ocurriendo con el transporte automotor de cargas. Son varias las compañías que lanzarán al mercado en los próximos años camiones y vehículos pesados a hidrógeno.

Un síntoma de lo que ocurre en el transporte naval es el reciente anuncio de la empresa Buquebus, que une con sus ferris diferentes puertos de Uruguay con Buenos Aires, para iniciar un proyecto de un buque a hidrógeno. En Chile ya existe una sólida apuesta del Ministerio de Energía, la agencia gubernamental de fomento a la producción y empresas privadas que están trabajando en la incorporación del hidrógeno en la maquinaria empleada en la minería.

Todas estas señales que muestran el creciente interés por impulsar una economía del hidrógeno deberán convertirse en política práctica y concreta muy rápidamente. Iniciamos el 2021 con varios países de la región que han asumido compromisos explícitos para alcanzar la neutralidad de emisiones para 2050 y eso representa un cambio sustancial.

La Argentina acaba de ratificar una meta de neutralidad de emisiones a 2050 y de cero incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero durante la próxima década. Estos objetivos le ponen un serio freno a todo escenario de mayor dependencia del gas o de cualquier otro combustible fósil. La nueva meta argentina para 2030 y el objetivo de neutralidad de emisiones al 2050 nos indica la necesidad de descarbonizar la economía por completo en tan sólo tres décadas.

Esta meta de descarbonización a 2050 obliga a la Argentina a diseñar un programa claro y explícito sobre cómo se realizará este proceso en cada uno de los sectores de la energía, la industria o el transporte. Para el caso del hidrógeno será preciso diseñar una hoja de ruta que nos permita programar acciones gubernamentales y dentro del sector corporativo. Argentina posee además condiciones muy favorables para ser un actor relevante en la economía global del hidrógeno. Abundantes recursos renovables que posibilitan la generación de energía limpia en cantidades suficientes como para abastecer la demanda de hidrógeno verde a precios competitivos. Pero eso no sucederá si no se establece un marco normativo y se diseñan políticas públicas para canalizar las inversiones necesarias y el esfuerzo tecnológico.

Ley de promoción del hidrógeno (Ley 26.123)

La Argentina tuvo tempranamente una ley nacional de promoción del uso del hidrógeno, centralmente como vector energético o de almacenamiento de energía. Esa ley se aprobó en 2006 pero nunca se reglamentó ni se puso en marcha ninguna de sus previsiones. El Plan Nacional del Hidrógeno previsto en el texto de la ley llegó a tener un borrador que nunca fue formalizado.

Esta ley de promoción del hidrógeno surgió al calor de un momento muy propicio para las energías renovables en nuestro país, cuando las expectativas se reflejaron en nuevas normas legislativas. La Ley Nacional 26.190 aprobada en 2006 actualizó el régimen de promoción de las energías renovables, modificando la anterior Ley 24.018 (1998). También durante ese año se elaboró la ley de biocombustibles que se aprobó en el 2007 (Ley 26.093).

Los 15 años transcurridos desde la aprobación de la ley hacen necesario actualizar el régimen propuesto acorde a los avances tecnológicos y las nuevas expectativas en torno al hidrógeno verde. También, y no menos importante, se debe relanzar políticamente en Argentina el rol que deberá cumplir el hidrógeno en la transición energética argentina. Es apropiado que ese relanzamiento se realice a través de un nuevo compromiso parlamentario que refleje la necesidad de transformar al hidrógeno en una política de Estado.

En esa línea, se presentó un proyecto que procura actualizar la Ley 26.123 y relanzar un régimen de promoción del hidrógeno. El proyecto fue presentado por el Diputado Nacional Gustavo Menna (UCR-Chubut) y durante el 2020 se realizaron algunas actividades con el propósito de recibir contribuciones al mismo.[1]

La convocatoria a empresas por parte de Y-tec (YPF/Conicet) a conformar el Consorcio H2Ar y la constitución de la PlataformaH2 Argentina con entidades académicas y dedicadas a políticas energéticas, reflejan la inquietud en el desarrollo del hidrógeno en nuestro país. Son síntomas que debemos destacar ante la oportunidad y la necesidad de actualizar el régimen de promoción de la Ley 26.123 como base fundamental de lo que debería convertirse luego en una Hoja de Ruta del Hidrógeno para la Argentina.

Uno de los puntos fundamentales que debe ser tenido en cuenta en esta revisión de la norma es que ya no debe focalizarse en los usos del hidrógeno con fines energéticos, sino además en su rol de insumo para la industria química. Hoy el desarrollo de una economía del hidrógeno y la descarbonización debe abarcar no sólo el sector energético, también debemos descarbonizar los insumos que se utilizan en el sector industrial.

Existe un uso industrial importante en Argentina que demanda algo más de 300.000 toneladas anuales. Los sectores de mayor uso son el petroquímico, para procesos en refinerías; y la industria química, para producción de amoníaco y fertilizantes para la agricultura. También está presente en la producción de metanol y en diversas industrias que van desde alimentos, siderurgia o electrónica. Todo ese hidrógeno proviene mayormente del reformado del gas natural, es lo que comúnmente llamamos hidrógeno “gris”, para diferenciarlo del hidrógeno “verde”, obtenido a partir de la electrólisis del agua mediante energía eléctrica renovable.

Estos usos nos dan una idea de la gran expectativa que genera el hidrógeno “verde”, ya que no sólo será posible disponer de un vector energético muy flexible, sino también un insumo industrial “verde” que permitirá descarbonizar o reemplazar insumos fósiles en la industria química o en la siderurgia.

También deberá tenerse en cuenta el horizonte temporal que tenemos por delante. La transición ahora tiene plazos ajustados, estamos ante una realidad mucho más restrictiva y urgente que la de hace 15 años atrás, cuando se elaboró el texto original. Esto implica que la elaboración del Plan Nacional y el régimen de promoción debe contemplar los tiempos perentorios para encaminar la industria del hidrógeno verde.

También la escala de desarrollo es importante, ya que se debe pensar en el insumo industrial, el vector energético y la capacidad de generar hidrógeno con fines de exportación. Esto último requiere un despliegue masivo de fuentes renovables, infraestructura portuaria y logística que deberá desarrollarse en la presente década.

Para recibir las contribuciones y opiniones de los diferentes sectores industriales en torno a la actualización de la Ley del Hidrógeno la PlataformaH2 Argentina está realizando una encuesta que propone sistematizar dichos insumos para ser presentado a la Cámara de Diputados de la Nación como aporte al debate legislativo y para acelerar el tratamiento del proyecto.[2]

Sin duda, el hidrógeno “verde” es uno de los mayores retos tecnológico que la Argentina tiene por delante, sobre todo para el sector industrial. El Congreso Nacional debe poner el foco en el hidrógeno y tomar la iniciativa ante esta oportunidad. Tenemos por delante un desafío regulatorio y una tarea que la política debe realizar, asumiendo una visión de largo plazo y, sobre todo, cumpliéndola. Con esto, Argentina tiene todas las chances de ser un jugador muy importante.


[1] El proyecto de modificación originalmente presentado por el Diputado Nacional Gustavo Menna es el 1769 D 2019 registrado en la actualidad bajo el número 0044-D-2021.

[2] Las contribuciones para modificar y actualizar la antigua ley se pueden realizar a través de la PlatafornaH2 Argentina en el formulario que se encuentra en su sitio.


[*] Autor: Juan Carlos Villalonga es presidente de Globe International, organización miembro de la Plataforma H2O Argentina. Diputado por Cambiemos (MC). Consultor especializado en energías renovables, hidrógeno y cambio climático.