Columna de opinión de Juan Carlos Villalonga para Energía Estratégica.

Son diversos los síntomas y tendencias que nos permiten decir que la transición energética ha cobrado ímpetu y ya posee una dinámica propia. Es posible corroborar esta dinámica cuando se observa el ritmo de las inversiones en el sector renovable, la fortaleza de las industrias de energía limpia, sus precios competitivos en generación de energía y la permanente innovación y baja de costos en equipamientos. 

En la última década los paneles fotovoltaicos cayeron más de un 85% en sus costos, una caída similar ha ocurrido con las modernas baterías de acumulación de energía y los aerogeneradores redujeron casi en un 50% sus costos de inversión. Los valores de la energía renovable logran cada año nuevos récords en las subastas en distintos puntos del planeta. Hasta aquí, las buenas noticias. La mala es que esta dinámica no es lo suficientemente veloz como para dar una respuesta en tiempo y forma al desafío climático.

Durante la próxima década deberíamos estar reduciendo anualmente un 3% el consumo de combustibles fósiles si queremos acercarnos a la trayectoria de emisiones que permitirían limitar el calentamiento global en 2°C. Aspirar a limitar la suba de la temperatura a 1,5°C, tal como lo recomienda el Acuerdo de París, significaría recortes mucho mayores, alrededor del 7%. Estamos muy lejos de esos objetivos.

¿Cómo se acelera la transición energética? Hoy el modo más rápido y económico de acelerar el ingreso de las renovables en los mercados energéticos es quitando barreras regulatorias y económicas. El rol de los gobiernos es hoy, principalmente, despejar la cancha para que las renovables puedan jugar con libertad y desplegar su potencial. Las barreras económicas se pueden visualizar fácilmente cuando se cuantifican los cuantiosos subsidios que reciben los combustibles fósiles. En nuestro país esto ocurre por diversas vías y modalidades ya históricas y no se dejan de crear nuevos mecanismos, por ejemplo, recientemente se aprobó un nuevo impuesto a las grandes fortunas del cual el 25% de lo recaudado está destinado a subsidiar a la industria del gas. 

El desafío de la transición energética es un desafío, fundamentalmente, hacia la dirigencia política. La otra dimensión de este desafío, además de la económica, es eliminar barreras regulatorias. Aquí tenemos el elocuente ejemplo que pudimos ver con el programa de licitaciones Renovar. Allí la ingeniería institucional fue determinante para que las inversiones se realizarán. Las barreras regulatorias incluyen la previsibilidad y credibilidad en las reglas de juego. La improvisación y el permanente cambio de reglas es una fenomenal barrera regulatoria. Tomemos como ejemplo la reciente tasa municipal aprobada en Puerto Madryn para incrementar los impuestos que debe pagar la energía eólica. Las constantes amenazas de cobrar un “impuesto al viento” o tributos por el estilo son barreras que la política le pone a la transición energética.

Otro ejemplo muy nítido de las barreras regulatorias es las dificultades que tenemos en Argentina para facilitar el despliegue de la generación distribuida. Este segmento de desarrollo de las renovables se traduce en inversiones que realizan íntegramente los usuarios, que contribuyen positivamente al desempeño de las redes de distribución y para el sistema eléctrico en su conjunto, tanto desde el punto de vista eléctrico como ambiental. La generación distribuida es un gran ejemplo de lo que puede ocurrir si la política deja de entorpecer.

Son varias las provincias en que esta modalidad de generación se encuentra bloqueada y se expresan reparos para adoptar el esquema simplificado que propone la ley nacional de generación distribuida. Esta barrera regulatoria se expresa a través de explicaciones confusas y prometiendo hipotéticas herramientas superadoras.

Un buen ejemplo de eliminación de barreras en este sector lo podemos ver en la provincia de Córdoba donde una simple adhesión a la Ley Nacional le otorga a los usuarios y distribuidoras de un mecanismo ágil, transparente y justo. Es hoy la provincia más dinámica en cuanto a generación distribuida. 

En síntesis, la transición energética debe acelerarse exponencialmente y son muchas las tareas que le caben a los gobiernos para que eso ocurra. La más sencilla y económica es adecuar los esquemas regulatorios de manera tal que faciliten el despliegue de las renovables. En líneas generales, se trata de adoptar mecanismos que despejen el camino y que tiendan a equilibrar el campo de juego. Las renovables no nos piden demasiado.